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Literatura y Cine

La adaptación de libros al cine

El Jardinero Fiel

El Jardinero Fiel (2005), basada en la novela con el mismo nombre de John le Carré, narra la historia de un diplomático en Kenia cuya mujer es asesinada. A partir de ese momento empieza a investigar su muerte, que pretendía ser un cotifiano asalto, y descubre que en realidad es toda una conspiración. Tesa, la mujer, estaba investigando sobre las pruebas que hace la industria farmacéutica en la población keniata sobre medicamento que curan la tuberculosis, si bien todavía no están del todo desarrollados y tienen efectos secundarios que pueden llegar a la muerte. La cuestión es que la poderosa industria farmacéutica va usando de cobayas a esta población y perfeccionando su producto hasta que sea viable implantarlo en el primer mundo.

La película está protagonizada por Ralph Fiennes (El Paciente Inglés) y Rachel Weisz, a quien sinceramente me sorprendió mucho ver actuar en esta película, tras sus actuaciones en La Momia. Por otro lado, la interpretación de Ralph Fiennes está totalmente lograda encarnando el marido simple y al que Fiennes da el toque final aportando esa cara como de atontado que caracteriza sobremanera al personaje.

No ha sido una película que haya tenido mucha trascendencia a pesar de la importancia de la temática, y es que, a pesar de que vivimos en la inopia, conviene de vez en cuando abrir los ojos. Y sobre todo tener muy presente que el tercer mundo existe para que el primer mundo pueda existir.

 

Otelo

Otelo (1995). Basada en la tragedia del mismo nombre de William Shakespeare. Está protagonizada por Laurence Fishburne como Otelo, Irène Jacob como Desdémona, y Kenneth Branagh como Iago. La historia trata del engaño al que es sometido Otelo (casado con Desdémona) por parte de Iago, el cual le dice que su mujer le está engañando con Cassio, un general del cuerpo de Otelo. Todo porque Iago tras la victoria sobre los turcos ha sido relevado al cargo de algo así como ayuda de cámara en lugar de general del ejército o como el propio Otelo al que se le da la dirección del terreno conquistado.<?xml:namespace prefix = o>

La tela de araña que teje Iago para que Otelo caiga en el engaño es el típico enrevesamiento de Shakespeare y asimismo el trágico final con el que concluye la obra.

Particularmente destacable fue la interpretación de Kenneth Branagh, si bien, personalmente me gustó mucho más la interpretación de Laurence Fishburne que se mete en el papel de tal manera que hace sufrir con su engaño.

La adaptación de la obra por parte de su director Oliver Parker, de este texto que es eminentemente de teatro más que de cine, está muy lograda, digamos que es casi como teatro hecho cine, con varios guiños al espectador tales como hablar directamente con la cámara, como si en el teatro estuviéramos.

Económicamente no fue muy acogida, si bien, es una obra maestra de la interpretación.

 

El Resplandor

El resplandor (The Shining, 1980). Película de culto por excelencia. Basada en la novela de igual nombre de Stephen King, estuvo rodeada por una multitud de infortunios en su rodaje, como fue, por ejemplo, el incendio de los decorados del hotel Overlook.

La historia trata de un matrimonio con un hijo que van a cuidar un hotel durante toda la temporada de invierno, en la que permanece cerrado y aislado. La cuestión es que el anterior cuidador del hotel, estando allí con su familia, se volvió loco, mató a su mujer y sus dos hijas y finalmente se suicidó. Además se da el hecho de que el hotel está construido sobre un cementerio indio. Todo ello unido al magnífico protagonista Jack Nicholson y director Stanley Kubrick, una terrorífica cinta.

La interpretación de Jack Nicholson es realmente aterradora, el contexto entero de la película junto a la cara de loco del actor. El ambiente que consigue Kubrick con escenas como cuando el niño va por los pasillos del hotel con su triciclo dejando como protagonista central el ruido que hace el triciclo según va por el parquet o por las alfombras de los pasillos, es sobrecogedor.

Decir que el doblaje en castellano fue especialmente criticado, sobre todo en el doblaje de la mujer (Shelley Duvall) doblada por Verónica Forqué, y cuya actuación fue supervisada por el propio Kubrick, aún así, realmente es un poco chirriante el doblaje en este punto, y de hecho, si la podéis ver en versión original descubriréis que es mucho más aterradora con las voces originales de los protagonistas.

Como curiosidad decir que Kubrick, se dedicó a hacerle la vida imposible a Shelley Duvall, para que interpretara su papel dentro de los parámetros de histerismo e inseguridad que buscaba Kubrick. Además la puerta que Jack Nicholson destroza con el hacha, inicialmente era de atrezo, pero la tuvieron que cambiar por una de verdad, ya que el actor rompió la primera como si se tratara de papel.

En fin, que es una película que es obligado ver. Eso sí, a ser posible con alguien porque realmente asusta.

La Poesía o Mi vida sin mí

Mi vida sin mi (2003) es una hermosa y triste historia, en realidad es como amarga poesía, suave, dulce, pero muy triste. Cuenta la historia de una mujer de 23 años casada y con dos hijas, a la que le dan la noticia de que le quedan dos meses de vida. Lo hermoso de la historia no es solo el hecho de que decida no decir a nadie que se va a morir, sino en el hecho de que en su decisión sobre las cosas que hacer antes de morir solo haya amor.

Stephen King: del papel al celuloide. Cap. 3. Corazones en la Atlántida

La película “Corazones en la Atlántida” resulta un ejemplo perfecto de cómo la obra de King es sistemáticamente adaptada al formato visual salvando todas las dificultades que el guión presente y realizando las modificaciones necesarias para crear un nuevo producto listo para generar dinero y contentar tanto al público en general como, en ocasiones, a los seguidores incondicionales del escritor.

Stephen King: del papel al celuloide. Cap. 2. Carrie

 

Una muestra clara de cómo la obra de Stephen King ha corrido en paralelo al mundo del cine en sus diversas variantes la tenemos en la adaptación de Carrie en 1976. La novela había visto la luz sólo dos años antes, en 1974, y constituyó no sólo la primera novela publicada de King sino también su primer gran éxito. El autor entró en el mundo de la literatura comercial por la puerta grande. Antes había logrado que algunos de sus relatos fuesen incluidos en revistas para adultos, sin lograr ningún éxito serio ni una remuneración que le permitiera dedicarse por completo a la escritura. El que pronto se convertiría en uno de los autores más ricos del mundo, vivía a mediados de los setenta compaginando sus clases de lengua inglesa con un trabajo a media jornada en una lavandería. Él mismo ha reconocido posteriormente que la penuria económica marcó aquellos años de su vida, por lo que los dos mil quinientos dólares que recibió como adelanto por la novela supusieron un balón de oxígeno que le permitió comenzar a desarrollar su talento con mayor seguridad. El manuscrito había estado a punto de ser destruido por el propio King, pero fue finalmente su esposa la que le convenció para que siguiese adelante con la historia. Aquellos papeles rescatados de la basura fueron los que llevarían al escritor a saborear el éxito por primera vez.

Stephen King: del papel al celuloide.Cap.1

Si hay un escritor asociado permanentemente a un género concreto, ese es Stephen King con la literatura de terror. Él puede afanarse en escribir ciencia ficción o comedia romántica, pero sus libros permanecerán eternamente en la sección terror de las librerías. Es el peligro del encasillamiento; algo contra lo que el propio King ha tratado de luchar en unas ocasiones y con lo que se ha sentido cómodo y complacido en otras. Lo cierto es que la narrativa de King trasciende en muchos sentidos el encasillamiento en  un solo género o un solo estilo. Aquellos que desprecian su obra tratándolo como a un escritor menor de la literatura norteamericana o como un simple productor de best-sellers desconocen por completo los profundos matices de sus novelas, la genial manera de plasmar la sociedad de su tiempo y la capacidad colosal para crear un universo propio, único y privado para el autor y sus lectores. En efecto, Stephen King vende libros, vende cifras obscenas de ejemplares, pero en su caso no se cumple la habitual correspondencia de escritor con éxito y obra de escasa calidad literaria. King ha firmado algunas de las más bellas, asombrosas y admirables páginas de la literatura americana de las últimas décadas.