Historia y Cine
De la leyenda a la historia: El rey Arturo
El ciclo artúrico ha resultado a lo largo de la historia una fuente inagotable de revisiones y acercamientos desde todas las artes y disciplinas a la cual el cine no ha permanecido ajeno. Su leyenda, forjada durante toda la Edad Media y consolidada por los escritores ingleses como pilar fundamental de su mitología patria, llena hoy la iconografía del género de aventuras. Excalibur, la Dama del Lago, la hechicera Morgana, la Mesa Redonda, el mago Merlín, la reina Ginebra… forman parte aún hoy de la cultura popular occidental, y se encuentran en la base de la creación de artistas tan influyentes en nuestro siglo como el mismo J.R.R. Tolkien.

Es muy probable que sea éste uno de los temas que el cine ha tratado de forma más variada, en más géneros y desde más puntos de vista distintos. Desde la idealizada y pulcra imagen de un ya maduro Richard Gere ataviado con su brillante coraza, a la ya clásica y ochentera versión de John Boorman donde el romanticismo quedaba apartado por trepidantes y sangrientas luchas. Según fuese el público al que estaba destinado, el rey Arturo y sus caballeros adoptaban unas características u otras. Pero dos elementos permanecían siempre: las espadas y la magia, encarnadas cada una de ellas en los personajes de Arturo y Merlín.
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¿A los leones? Fieras, mártires y cine

La imagen de los leones devorando cristianos en el Anfiteatro de Roma es uno de os iconos cinematográficos más persistentes desde que el mundo del celuloide descubriera el filón de las grandes producciones de toga y espada. El público pagano, enfurecido y sediento de sangre, rugiendo desde las gradas. El emperador en su asiento de oro, rodeado de sus corruptos consejeros, sus concubinas y sus esclavos y libertos. Y en la arena, los desdichados cristianos, resignados a morir por su fe y afrontando orgullosos su martirio entre las garras de las fieras para deleite del público. Una escena que buscaba ser vendida como histórica y como resumen de toda la civilización romana, así como causa ejemplar de la decadencia y la desaparición del Imperio. ¿Qué mejor motivo para la ruina de una institución milenaria que la ira de un Dios furioso porque sus fieles eran entregados al apetito de voraces leones? Los primeros cristianos martirizados, los romanos castigados por la ira divina y la puerta abierta para la llegada del mundo medieval en el que Dios y sus delegados en la tierra no serían cuestionados en lugar alguno de la Cristiandad.
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El lado oscuro de la dictadura: Salvador
En ocasiones se produce la paradoja de que una película que pretende ser histórica trasciende la propia Historia. Lo que nos cuenta, los personajes que intervienen, las ideas que emanan de ella, rompen con la estructura que les impone su desarrollo en un momento concreto y en un lugar determinado. Esas películas consiguen tocar la esencia de lo que es ser hombre, de lo que supone sentirse humano. Pueden ser vistas por cualquiera, sea cual sea su condición y nacionalidad, y el espectador siempre captará el mensaje fundamental de la cinta.

Salvador, de Manuel Huerga, es sin duda uno de los escasos ejemplos de estas películas históricas llamadas a convertirse en clásicos.
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La Esparta soñada y la Esparta real: 300
Todo un delirio de creatividad, una orgía de placeres para los ojos, un derroche de talento visual. Casi dos horas de goce estético puro, de luchas sangrientas, épicos discursos, paisajes de un mundo soñado, fornidos guerreros y sensuales reinas entregados a los placeres de matar y fornicar. Saltos imposibles, monstruos abominables, mares de sangre y agua, intriga, sexo, pasión y un final digno del más dotado narrador de ficción. Todos estos elementos ofrece al espectador la cinta de Zack Snyder: una promesa de vibrar en la butaca, de no caer en ningún momento en el aburrimiento.
Sin embargo, al contrario de lo que afirma Gerard Butler con cavernosa voz antes de asestar al pérfido persa una monumental patada en el pecho, esto, queridos lectores, no es Esparta.
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