Cine en estado puro
Persépolis es una de esas películas que cuando acabas de verla te deja la sensación de haber presenciado un peliculón, de querer salir a la calle y recomendársela a tus amigos.
Persépolis narra, a través del mecanismo del flashback, la conmovedora historia de una niña iraní desde la revolución islámica hasta la actualidad, analizando la situación sociopolítica del pais durante los últimos treinta años , desde el poder sátrapa del Sha a la tiranía de una teocracia represiva y abyecta. También nos conduce con gran maestría hasta la Europa de nuestros días a través de una estancia en le que la protagonista vive en Austria.
La película es la adaptación de una serie de cómics que cuentan las vivencias de su autora, Marjene Satrapi.
La adaptación al cine la ha realizado la propia Satrapi junto a Vincent Paronnaud. Y han sabido, no sólo recoger el espíritu de la obra original, sino dotar a la película de un magnetismo propio sin desviarse de la esencia de la historia.
Se trata de una película de dibujos, en su mayor parte en blanco y negro.
A aquellos que les eché para atrás por no ser unos devotos de la animación les recomiendo que hagan una excepción y no se dejen guiar por sus prejuicios y la vean como si se tratara de un film con actores de carne y hueso.
Resulta impresionante como unos dibujos en apariencia tan simples e insignificantes pueden involucrarnos tanto en la historia y en los personajes hasta alcanzar un poder cuasi-hipnótico que te atrapa desde el principio anclándote en la butaca sin dejarte parpadear.
Es una lección de cómo manejar el “tempo” cinematográfico, la película adquiere un ritmo y una tensión desde el comienzo que no terminará hasta que finalice. Noventa minutos magníficamente aprovechados.
Cabe destacar el exquisito montaje y la sabia elección de la música que convierten a la cinta en un ejercicio poético.
El film derrocha humor, sensibilidad e inteligencia por los cuatro costados. Se trata de un ejercicio de libertad y de valentía en toda regla.
Está repleto de emociones y sentimientos que nos permitirá compartir la protagonista.
Se pasa del horror y del miedo al humor, al sarcasmo, a la tristeza, al amor, a la ira, a la vergüenza...se experimenta toda una orgía de sensaciones sin recurrir al sentimentalismo barato, sin necesidad de utilizar lugares comunes.
La película no solo nos hace reflexionar sobre la opresión que algunos paises siguen soportando hoy en día ( algo que a nosotros no nos pilla tan lejos, se pueden observar bastantes analogías con el periodo que nos hizo vivir en nuestro país el dictador que nos oprimió durante casi cuatro decadas) nos invita también a hacer una reflexión sobre la muerte espiritual del primer mundo, sobre la pérdida de la identidad y los valores de la cultura occidental.
Se puede considerar una película terapéutica, de esas que te hacen ser mejor persona.
Una pequeña joya, una obra maestra, de esas que se descubren de higos a brevas y que su visionado se hace imprescindible, ya no sólo para cualquier amante del séptimo arte sino para cualquiera que no carezca de sensibilidad y se precie por tener conciencia social.
Se podrían decir un montón de cosas más sobre el film, pero lo más honesto es decir que dejeis de leer y corrais a ver la película.
Estais de enhorabuena todos aquellos que no la hallais visto, porque vais a poder gozar de la experiencia de verla por primera vez.
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