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Coppola y Pacino, aquellos novatos

 

 En nuestros tiempos, que Francis Coppola y Al Pacino hayan sido las mejores bazas de muchas películas que hicieron historia no sorprende a nadie. Cuando rodaron la que les consagró a ambos, “El Padrino”, buena parte de su equipo pensaba lo contrario: aquel proyecto, se decían entre ellos, le venía demasiado grande a los dos.

Lo cierto es que sus respectivas trayectorias aun estaban lejos de convertirse en lo que fueron después de “El Padrino”. A Coppola, que ya llevaba ocho largometrajes a sus espaldas pero no pasaba de ser un cineasta prometedor que no terminaba de entusiasmar, la oferta de los productores para dirigir la adaptación de la vendidísima novela de Mario Puzo le llegó gracias al rechazo previo de otros colegas que por aquellos años disfrutaban de mucho más prestigio que él,  como Sergio Leone o Peter Bogdanovich.  Y posiblemente su condición de descendiente de sicilianos fue decisiva: el responsable de la Paramount durante la época, Robert Evans, dijo que quería “oler los spaghettis” en lugar de reincidir en los fiascos recientes de películas sobre la Mafia  realizadas por anglosajones. No obstante, aquel cineasta joven, de piel aceitunada y excéntrico no terminaba de convencer a muchos. Durante el rodaje, Coppola simuló no haber escuchado a escondidas charlas entre el personal técnico en las que se decían unos a otros que en los días de trabajo que llevaban se iba confirmando que a ese director de serie B todo se le estaba yendo de las manos, o que la película sólo podía acabar siendo un enorme fracaso artístico y comercial. Por si ese ambiente no muy distante del motín fuese poco, la Paramount le asignó a Coppola un peculiar “guardaespaldas” que pasaba la jornada junto a él para poder hacerse cargo de la dirección en el supuesto, nada improbable para los productores,  de que aquel fuese despedido.

Coppola también tuvo que luchar alimentándose de un optimismo inquebrantable para imponer el reparto que deseaba. Le fue sumamente complicado convencer a los dueños de la Paramount  de que Marlon Brando sería un perfecto Vito Corleone, ya que la legendaria indisciplina del protagonista de “La ley del silencio” había llegado a arruinar su reputación en el Hollywood de principios de los 70. A pesar de ello, Brando contaba con la ventaja de haber demostrado en numerosas ocasiones su talento y lo que se criticaba de él no eran sus dotes interpretativas. Muy diferente y más cercana a la de Coppola fue la tesitura en la que se encontró Al Pacino, quien antes sólo había trabajado  en dos largometrajes modestos.  Como le sucedía a su director, Pacino tenía la certeza de que gran parte del equipo no le tomaba en serio. A muchos les parecía inadecuado para el papel: demasiado bajo y decididamente torpe en su modo de hablar y actuar. La sensación latente de que se estaba consumando un fracaso estrepitoso a todos los niveles se afianzaba día tras día. Pero Coppola y Pacino confiaron en su propio talento y en su modo de sentir lo que estaban rodando. En un ambiente como aquel, es de suponer que debieron apoyarse mutuamente para mantener vivos los ánimos que sin duda escaseaban en su entorno.

Una jornada de rodaje, algo cambió. Había llegado el turno de una de las escenas más complicadas del guión: el asesinato de un policía y un incipiente mafioso en un restaurante italiano a manos de Michael Corleone, esto es, Al Pacino. Hoy sólo podemos imaginar la expresión de las caras del equipo mientras Pacino daba origen a su condición de actor por encima del bien y del mal. Su interpretación resultó tan realista que recientemente algún miembro de la Mafia ha llegado a afirmar su convicción de que una escena tan realista sólo pudo lograrse con el asesoramiento de alguien que haya “trabajado” en la Cosa Nostra.

Lo que finalmente acabó siendo “El Padrino” en las carreras de Coppola y Pacino es tan difícil de medir como la importancia de “Las señoritas de Avignon” en la obra de Picasso o de “Romeo y Julieta” en la de Shakespeare, pero posiblemente nadie lo hubiera creído durante los primeros días de rodaje.

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