Dexter
Lo primero y más obvio que destaca de esta serie es su originalidad. Trata de la naturaleza asesina de su protagonista Dexter (Michael C. Hall). Visto así podría parecer que ha salido de los mejores sueños de Quentin Tarantino pero, la peculiaridad que tiene es que esa necesidad de matar es encauzada por su padre adoptivo hacia las personas que se podría considerar que “merecen morir”. Serie, por tanto, que solo podría haber nacido en Estados Unidos.
El padre de Dexter, Harry Morgan, (James Remar) se da cuenta del instinto innato que tiene su hijo y como ve que no puede hacer nada para frenarlo, decide encargarle la liquidación de todos esos indeseables que como policía no puede detener, evitando así que su hijo mate a inocentes y de paso convirtiéndolo en un justiciero. Para añadir más peligro a esa situación, la hermana de Dexter (Jennifer Carpenter) es también policía y el propio Dexter forense. Como no podía ser de otro modo, todo su entorno está continuamente a punto de descubrir la verdad.
La serie se va desarrollando con este trasfondo teniendo como contexto la dificultad de poder conciliar su vida como responsable forense de Miami y su vida como implacable asesino en serie. Se pone así de manifiesto la sempiterna frase que escuchamos cuando vemos algún suceso en la televisión de “era una persona muy normal”.
Sin embargo, la verdadera trascendencia que encuentro en la serie deriva del hecho de que Dexter se nos presenta como un ser bueno, asesina sí, pero con ello ¿hace el mundo mejor? Probablemente esta pregunta obtendría rápida respuesta en estados unidos, pero aquí, donde no existe la pena de muerte, la respuesta requiere mayor cautela. ¿De qué lado te pondrías tú?
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