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Freaks, el terror como nadie lo volvió a ver

Pocos géneros en el cine han generado tantas imitaciones de sus propias obras maestras como el de terror. Sin embargo, una de esas obras maestras, tal vez la más genuinamente inquietante, sigue conservando muchas décadas después de su rodaje ese carácter extraordinario, esa capacidad de hacer sentir al espectador que está contemplando algo que nadie ha hecho antes, como tampoco ha habido quien quisiera o supiera volver a hacerlo después de su estreno en 1932.

En parte es comprensible, ya que por aquel entonces Tod Browning, en la cumbre comercial de su carrera tras el éxito arrollador del “Drácula” interpretado por Bela Lugosi, pudo llevar a cabo una idea que en nuestros tiempos de corrección política sería imposible plasmar en el celuloide. A partir de un cuento de Tod Robbins (“Espuelas”) concibió una película de terror que transcurriría en un circo donde, junto a atléticos trapecistas y domadores, personajes que sufren deformidades son exhibidos como parte del espectáculo. Browning quiso además que estos personajes fuesen interpretados por personas con deformidades reales. Y consiguió lo que parecía imposible: hacer una película totalmente encuadrable dentro del terror que logra lo que se le presupone a su género y evita una mirada paternalista sin perder el respeto por esos seres tan humanos como cualquier otro, pero castigados por la naturaleza como pocos. Todo ello aderezado por la perturbadora acidez que era marca de la casa en el director.

La fuerza atemporal que desprende “Freaks” no radica sólo en el realismo crudo se apodera de la pantalla, está apoyada por una maestría técnica y un guión sutil e implacable que con el paso del tiempo dejan en evidencia a la misma “Drácula” que tantos beneficios generó. Tal vez porque no podía ser de otro modo, la mejor película de Browning marcó también el declive de su carrera. Si “Freaks” no deja indiferente a un espectador del siglo XXI, la mentalidad imperante entre el público de la década de los 30 convirtió su exhibición en un escándalo tan clamoroso que primero se redujo su metraje, sin que las escenas cortadas hayan podido ser recuperadas hasta el momento, y finalmente se decidió retirarla de las salas. Los espectadores la consideraban sencillamente demasiado horripilante. Por muy conseguidas que estuvieran en aquella edad de oro del cine de terror, las caracterizaciones de Frankenstein o Drácula no les habían preparado para una historia que no tenía nada de pseudocientífica o sobrenatural, y sí mucho de espejo metafórico de las miserias reales y palpables de una sociedad sumida por completo en la Gran Depresión.

Durante unos treinta años, el mismo silencio que acabó prematuramente con la trayectoria de un profesional tan encumbrado como Browning relegó al olvido a la cinta. Hubo que esperar hasta la década de los 60, en plena eclosión de los movimientos contraculturales, para que nuevas generaciones de aficionados al cine, la mayoría nacidos después del estreno de “Freaks”, supieran apreciar lo que conservaba y conserva intacto, algo que la mayoría de las películas de terror acaban perdiendo más temprano que tarde: la capacidad para hacer que el espectador se estremezca y reflexione como si hubiera sido rodada ayer. Afortunadamente, los circos ya no exhiben minusvalías físicas como si fueran espectáculos de feria, pero “Freaks” consigue transportarnos desde los primeros minutos a esa época no tan lejana en la que sí era frecuente que lo hicieran. Más allá de esto, la obra maestra de Browning muestra las deformidades interiores del ser humano con tanta contundencia e ironía como las físicas. Sorprendentemente, “Freaks” juega con la idea de los guapos desalmados y los deformes honestos pero también sabe mantener la ambigüedad necesaria para que el juego se complique. Y, por encima de todo, continúa siendo esa película que se adentra con impecable eficacia en un terreno del género que nadie conocerá hasta haberla visto. Si ése es tu caso, lector, cuando escuches gritar a coro “One of us!” en las últimas secuencias, sabrás a lo que me refiero. <?xml:namespace prefix = o>

Comentarios

Imagen de Josebailon

Nada, nada ,nada.....la

Nada, nada ,nada.....la hipoteca es el claro acojone de los nuevos tiempos...y si no que se lo digan al cambio climatico,eh!! que no tiene donde quedarse.