La improvisada seriedad de los hermanos Marx
Que la comedia es algo muy serio ha sido una verdad demostrada por el cine en numerosas ocasiones, aunque a la hora de repartir premios nunca se haya tenido demasiado en cuenta. Pero con el paso del tiempo los premios van convirtiéndose en anécdotas y las obras que resisten al olvido acaban siendo el alma de una época para las generaciones venideras. Los hermanos Marx nunca tuvieron pretensiones de entrar en la historia, ni siquiera se fijaron otro objetivo que hacer reír al público. Hoy son un icono tan representativo del siglo XX como Hitler, Gandhi o el Che.
La llegada del cine sonoro acabó con la carrera de genios como Buster Keaton y obligó a otros, como Charlie Chaplin, a adaptarse más bien a regañadientes a otras formas de expresión que barrieron como un huracán a todas aquellas que les habían convertido en estrellas. Para los hermanos Marx, por el contrario, significó dar el salto definitivo desde Broadway hasta Hollywood. Fue una evolución bastante lógica, ya que hasta cierto punto es posible imaginar a Harpo y a Chico mostrando su talento en películas mudas, pero Groucho sólo podía ser aquello en lo que finalmente se convirtió: el primer gran cómico del cine sonoro. Originariamente fueron cinco. Dos, Gummo y Zeppo, quienes ciertamente no habían nacido con el mismo talento que los otros tres, abandonaron el grupo cómico en diferentes momentos y hoy día no pasan de ser una curiosidad para cualquiera que se acerque al mito.
Las ocurrencias de Harpo, Chico y Groucho dejaron huella en corrientes intelectuales tan trascendentales como el Teatro del Absurdo, Dalí sintió verdadera fascinación por sus películas y hoy, cuando se habla de esa entelequia tan vaga y subjetiva denominada “humor inteligente”, tal vez se esté queriendo decir “humor a la manera de los hermanos Marx”, sobre todo si se tiene en cuenta la pervivencia en el habla popular de los sutiles chistes de Groucho. Los Marx aunaron mímica, frescura verbal y elaboradísimos juegos de palabras con una endiablada habilidad que se deja ver en su plenitud sobre todo en tres películas: “Sopa de Ganso”, “Una noche en la Ópera” y “Un día en las carreras”, aunque el resto de su filmografía también está repleto de secuencias memorables.
Pertenecieron a una generación de cómicos cuya escuela fue la calle y los pequeños teatros de barrios o pueblos que les proporcionaban el sustento para vivir. Aprendieron a enriquecer sus recursos probándolos directamente con su verdadero maestro, el público, observando con el mayor detalle posible sus reacciones y alcanzando pronto un grado de maestría en la improvisación que quizá nunca hubieran logrado con otro profesor. Así se explica por ejemplo, la perfecta sincronización interpretativa que se puede apreciar entre Chico y Harpo cada vez que llega el momento de la película en el que el personaje mudo de éste trata de explicarle gestualmente algo a aquel, que se había especializado en hacer de charlatán entrañable. Asimismo, las mordaces réplicas de Groucho son un legado maravilloso de experiencia adquirida durante décadas de interacción con el público, durante las cuales aprendió a ser tan sencillo como incisivo. Si algún cómico mostró en el cine lo que es ir al grano, fue él. Cuando en “Tienda de locos” recita unos versos a la madura Margaret Dumont, y ella le dice embelesada que son de Lord Byron, la demoledora respuesta de Groucho, con un gesto de fastidio fugaz e impagable, es: "los escribió pensando en usted”.
En el caso de los hermanos Marx, mil palabras sí pueden valer otras tantas imágenes.
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Un clásico que nunca
Un clásico que nunca pasará de moda y del que tendríamos que dar buena cuenta...
Grandes comicos son los
Grandes comicos son los hemanos Marx, Grouxo Marx nos dejó a pesar de unas risas, frases como... "NUnca entraría en un sitio donde dejen entrar a gente como yo". Palabras con doble filo y una interpretacion de doble capa.
Que grande es el cine.
J.Bailon
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