El regreso de Indy
Indy ha vuelto, y lo ha hecho por la puerta grande, o mejor dicho, por la puerta de un maletero del que vemos salir, en la primera escena, al héroe de aquellos que nos criamos reviviendo las aventuras de este arqueólogo, que siempre encuentra tiempo para embarcarse en alguna espeluznante aventura.
En esta esperada cuarta entrega de la saga llamada "Indiana Jones
y el Reino de la Calavera de Cristal", vemos aparecer a un Indiana Jones con todos sus atributos, tal y como le recordamos en sus tres anteriores apariciones, con su famoso sombrero, chaqueta y látigo en ristre del mismo modo que solían nacer, según la tradición, los antiguos dioses griegos y latinos. Y es que Indiana Jones se ha convertido en mucho más que un personaje para toda una generación, que imaginábamos a los profesores de universidad como intrépidos aventureros que recorrían las selvas más inexpugnables de la tierra, desvelando misterios y liberando poblados enteros de indígenas plantando cara a ejércitos de enemigos y logrando volver a tiempo para impartir sus clases.
Tras la larga pausa en las correrías de Indy, encontramos luces y sombras en esta nueva aparición del doctor Jones que invoca a la nostalgia de sus fans como principal reclamo; si bien volvemos a encontrar escenarios familiares como la casa de Indy o su mítica clase, se echan en falta a entrañables personajes que aparecían en las anteriores entregas de lo que ya no puede ser llamada trilogía.
Se hace mención y homenaje a Marcus Brody, que no aparece en la película dado que el actor Denholm Elliott falleció en 1992 y cuyo toque de humor absurdo es sustituido por pequeños gags que hace el propio Indy con mayor o menor acierto. También se hace referencia a Henry Jones Senior, que tampoco aparece, dado que Sean Connery se encuentra retirado del cine para desgracia de muchos a los que nos habría gustado volver a ver al Dr Jones padre acompañando a Junior en esta nueva aventura. Para tristeza de muchos no se menciona al bueno de Salah, dado que la acción tiene lugar íntegramente en el continente americano.
Para llenar el vacío dejado por estas notables ausencias resurge Marion Ravenwood, que vuelve a interpretar Karen Allen, como ya hiciera en la primera parte de la saga “Indiana Jones y el Arca perdida” retomando su papel de heroína moderna.
La aparición del joven motociclista Mutt, encarnado por Shia LaBeouf, de peinado a lo Elvis Presley y chaqueta de cuero desencadena la aventura de nuestro héroe y se convierte en el compañero de Indy hasta que ambos descubren se parecen más de lo que creen.
Ambos van en busca del profesor Oxley, al que da vida el actor John Hurt y que recuerda al, también profesor, Tornasol, compañero de Tintín.
Para finalizar el elenco de personajes protagonistas, encontramos a Mac, compañero de misiones, aventuras y desventuras de Indy que parece haber cambiado de bando repentinamente, y a la letal Irina Spalko, interpretada por Cate Blanchett de una forma, en ocasiones muy creíble y en otras no tanto, ya que parece estar siempre a punto de echarse a reír.
Por diversos motivos los integrantes de la trama buscan una antigua calavera que podría tener propiedades sobrenaturales y que parece estar relacionada con unos restos alienígenas provenientes del área 51 almacenados, curiosamente, en el mismo lugar que se guardara el arca de la alianza tras ser encontrada por Indy años atrás.
La búsqueda trasladará a los protagonistas a través de mapas dibujos y códigos ocultos hasta lo más profundo de la selva de Perú, para descubrir antiguas tumbas y viejos conquistadores que soñaban con encontrar la ciudad de oro, siempre perseguidos por las fuerzas de elite del ejército soviético que ansían la calavera para sus propios fines.
En resumen, una gran obra de Steven Spilberg y George Lucas rodada intencionadamente con escasos efectos digitales con guiños a la historia reciente y pasada, que resulta emocionante en general; aunque demasiado fantasiosa y poco creíble en momentos puntuales, en los que las fuerzas de la naturaleza y la suerte parecen aliarse con el Dr Jones y sus compañeros para librarles de peligros; como cuando decenas de monos ayudan a Mutt, transformado en un improvisado Tarzán o cuando los árboles y las hormigas aparecen para ayudar al grupo cuando todo parecía perdido.
Podemos ver otros detalles quizá también demasiado forzados cuando aparecen por arte de magia dos interminables senderos paralelos en la impenetrable jungla para permitir un espectacular combate de esgrima motorizado, o cuando cientos de indios surgen de las paredes de una pirámide, pero sobre todo, cuando Indy sobrevive a una explosión atómica con la simple protección de una nevera o a la caída de una catarata sin rasguño alguno.
Sin embargo los espectadores ansiosos de volver a ver a Indi en acción, pasan por alto estas licencias fantásticas que convierten al héroe del látigo y el sombrero casi en un ser invulnerable con tal de poder gozar nuevamente con las aventuras de este mítico personaje por el que parecen no pasar los años, y hacen bien.
Bien hecho Indy, vuelve cuando quieras.
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