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-LOS SANTOS INOCENTES-. MARIO CAMUS.

   Los Santos Inocentes (Mario Camus, 1.984) es una de las películas icono del cine español, cuenta con personajes y escenas que forman parte de la memoria colectiva de este país, así como con algunas de las interpretaciones más logradas por actores españoles.

   Los Santos Inocentes es una adaptación de la novela homónima de Miguel Delibes. Realizada por Mario Camus, consolidado director que ha tenido un gran éxito llevando al cine obras literarias, como La casa de Bernarda Alba (1987) o
La Colmena (1982), entre otras.

 

   La película cuenta la historia de una familia extremeña que trabaja en condiciones de servidumbre para una familia rica. Esta familia acaba de ser realojada en una nueva finca, por lo que les adjudican las nuevas tareas a realizar, que llevan a cabo sin la más mínima reticencia, soportando los abusos y las humillaciones por parte de los burgueses que les dan de comer, además, tienen que mantener a una hija pequeña que padece una brutal enfermedad y al hermano de la madre, retrasado mental. La vida diaria de miseria, sufrimiento y humillación de esta familia se entremezcla en la película con fragmentos de un tiempo futuro en el que los hijos intentan encontrar una nueva forma de vida, en la ciudad.

 

   La película muestra las abismales desigualdades que existían en una España aún en vías de desarrollo. Mario Camus logra plasmar la realidad de un país, en el que en plenos años 60, aún había familias habitando en cavernas, alimentándose de ratas o, como en el caso de la familia que protagoniza esta película, viviendo en chozas similares a las del neolítico, sin luz eléctrica ni agua. Mediante numerosos contrastes, el director presenta también la otra cara de la sociedad: una familia burguesa y deshumanizada, rodeada de lujos y frivolidad.  

 

   A pesar de haber recibido algunas críticas que opinan que se da una estereotipación de los personajes, éstos sólo pretenden estar al servicio de mostrar al espectador una sociedad muy polarizada, dos mundos distintos.

   Estos personajes son encarnados por grandes actores de nuestro cine, dando lugar a algunas de las interpretaciones más recordadas del cine patrio.

   Alfredo Landa interpreta a “Paco, el Bajo”, el padre de la familia. Paco se gana el sustento ayudando a su “amo” en las cacerías que organiza con la alta sociedad. Su cometido es contar las perdices que caza su amo y recogerlas. Es un hombre resignado, que sabe que la única forma de alimentar a su familia es obedecer ciegamente a su amo, aguantando sus insultos, abusos y humillaciones, llegando a ir a trabajar incluso herido.

   La mujer de Paco, “Régula”, es interpretada por Terele Pávez, una de las grandes actrices españolas. Esta madre asume el cuidado de la familia, cuya desdicha es acuciada por tener que mantener a una hija enferma y a un retrasado mental. El personaje de Régula intentará defender a lo largo del filme que los seres humanos jamás pueden ser despojados de su dignidad, a pesar de ser tratados casi como animales.

   Paco Rabal consigue, con su magistral interpretación, dar vida a uno de los personajes más recordados de la historia del cine español, todo un icono de la filmografía nacional: “Azarías”. Rabal encarna al hermano de Régula, un retrasado mental cercano a la senectud. Azarías tiene un gran apego por un búho enfermo que tiene enjaulado, al que llama “
La Milana”, pero el ave muere, y éste entristece, hasta que adopta un nuevo pájaro del que vuelve a encariñarse. Su mayor defensora es su hermana, que siempre intentará que sea tratado con respeto y dignidad, negándose a que sea recluido en un manicomio. Pero el amo de la finca se niega a dar trabajo a Azarías, alegando que defeca por cualquier lugar de la finca y que coge las presas del amo con las manos sucias, tras haberse orinado en ellas. Aunque conseguirá trabajar ayudando al “señorito”, sustituyendo a Paco, herido accidentalmente.  Paco Rabal encarnará con la mayor verosimilitud a este personaje, haciendo creer al espectador que Azarías es un viejo disminuido psíquico de verdad, y no un personaje ficticio interpretado por un actor.

   La familia se completa con los dos hijos mayores, “Quirce” y “Nieves”, que con el tiempo intentarán buscar trabajo en la ciudad. Y por último, “La niña chica”, la hija menor, aquejada de una terrible enfermedad que la mantiene inmóvil y que le hace emitir bestiales alaridos, simbolizando la brutalidad de una existencia tan mísera.

   El actor Juan Diego lleva a cabo un brillante papel interpretando al “Señorito Iván”. Para este personaje trabaja Paco, ayudándole en las cacerías, y posteriormente, Azarías. El “Señorito Iván” es un rico cegado por sus intereses personales, prepotente y egoísta, que utiliza a las personas en beneficio propio, tratando a los seres humanos como meros objetos para sus fines personales. A su criado Paco le insulta constantemente, y le trata con desprecio, casi como a un perro al que solo quiere para recoger las perdices abatidas en la cacería. Es destacable la escena en la que el “Señorito Iván” obliga a Paco a subirse a un árbol para ayudarle a cazar un pájaro, pero, tras romperse una rama, éste cae al suelo, rompiéndose una pierna, por lo que su amo, mientras le abandona en el sitio le espeta: “Maricón, casi me aplastas”. A pesar del reposo recomendado por el médico, el “Señorito Iván” obligará a Paco a ayudarle en otra cacería, en la que se lesionará aún más. Es el abuso del poderoso sobre los débiles.

   Agustín González interpreta al propietario de la finca, otro rico que se dedica a explotar a esta pobre familia y a otros sirvientes. Obliga a Nieves, la hija mayor de la familia a trabajar como criada en su casa, frustrando para siempre el acceso a unos estudios, como tanto deseaban sus padres, que tendrán que resignarse.

   Por último, cabe destacar el papel de Ágata Lys, como “Doña Pura”, la adúltera esposa del propietario de la finca.

 

   A este reparto se deben secuencias inolvidables del cine español, como aquella en la que Azarías corre tras su pájaro, que se posa en un tejado, pero vuelve finalmente para posarse en su hombro, ante la expectación de toda la finca, mientras pronuncia su célebre frase: “Milana bonita”. Todas y cada una de las secuencias son imprescindibles. Desde que comienza con Azarías corriendo y gritando por el bosque, hasta la catártica escena final.

   Los Santos Inocentes es un reflejo de aquella España en la que los poderosos mantenían semiesclavizadas a las clases más desfavorecidas, en virtud de perpetuar una jerarquía social que mantenía a una parte de la población en la miseria, en el analfabetismo y en la desgracia.

 

   Los Santos Inocentes es considerada una obra maestra del cine español. Ganadora de varios premios en el Festival de Cannes de 1984, recibió el de Mención Especial del Jurado para el director, Mario Camus, y el premio compartido de Mejor Actor para Alfredo Landa y Paco Rabal. Sin duda, una obra básica para comprender nuestra intrahistoria.


 

G. Tirado