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Stephen King: del papel al celuloide. Cap. 3. Corazones en la Atlántida

La película “Corazones en la Atlántida” resulta un ejemplo perfecto de cómo la obra de King es sistemáticamente adaptada al formato visual salvando todas las dificultades que el guión presente y realizando las modificaciones necesarias para crear un nuevo producto listo para generar dinero y contentar tanto al público en general como, en ocasiones, a los seguidores incondicionales del escritor.

Corazones en la AtlantidaEl film de 2001 narra la infancia de un grupo de niños desde el punto de vista retrospectivo de uno de ellos cuarenta años después. Bobby Garfield recibe la noticia de la muerte de uno de sus amigos de la niñez y regresa a su pueblo natal para participar en el entierro. Allí, en los familiares paisajes de su infancia, Bobby va recordando un verano que estuvo llamado a cambiar su vida para siempre y en especial la relación que entabló con su vecino, el carismático Ted Brautigan. Los lectores habituales de King encontrarán en este breve resumen muchos elementos que se repiten constantemente en sus novelas: la niñez como paraíso perdido, el regreso al hogar, la amistad como fuerza vital… Las mejores novelas de King giran entorno a estos elementos, a los que se añade el sello fundamental que marca el estilo del autor, el terror como marco en el que todo esto se desenvuelve. Sin embargo, “Corazones en la Atlántida” no puede estar más lejos de ser una película de terror, aunque contenga algunas dosis de fantasía y ciertos guiños a la ciencia ficción. “Corazones en la Atlántida” es un drama de iniciación; es lo que serían muchas de las novelas de King si eliminásemos los payasos asesinos, los perros rabiosos, las plagas de virus, los vampiros y los muertos renacidos.

La película está basada en un libro de relatos del mismo título publicado en 1999. O tal vez sería mejor decir que está inspirado ante todo en el primer relato del libro, en el que se cuenta la historia de Bobby Garfield y su relación con Ted Brautigan. Este cuento sin embargo lleva el título de “Hampones con chaquetas amarillas”, muy poco comercial, por lo que se decidió adoptar el título más sugerente del segundo relato del libro, “Corazones en la Atlántida”. En éste, a mi juicio una de las cumbres de la producción de King, se nos muestra una historia muy diferente, la vida en una universidad americana en los años sesenta y el despertar de la conciencia estudiantil contra la guerra de Vietnam. Este relato por el momento no ha merecido la atención de los productores cinematográficos, me atrevería decir que por fortuna para aquellos que hemos sabido disfrutar de esta historia. El resto del libro está constituido por otros relatos que narran el desarrollo de las vidas de los niños amigos de Bobby en su infancia, su postura ante el envejecimiento y ante un mundo cambiante y confuso, aunque ninguno de ellos alcanza el nivel de “Corazones en la Atlántida”.

 

 El relato en el que se basó la película resultó una materia prima excelente para escribir un guión sobre él, por lo que los productores y el director respetaron casi al detalle la obra original. Los diálogos parecen calcados del libro y la localización de los escenarios podría haber salido de la pluma del propia King. El problema se les presentó a los guionistas a la hora de querer convertir “Corazones en la Atlántida” en un producto independiente del resto de la obra de Stephen King, algo que pudiera llevar al cine a gente que nunca jamás hubiera leído una de sus novelas sin que esto fuese óbice para que el espectador pudiera seguir el hilo de la historia. No era una tarea sencilla, pues el relato está muy lejos de poder leerse como algo independiente. Si algo caracteriza a la obra narrativa de Stephen King es la manera en el que sus diversas novelas se entrelazan unas con otras y crean entre todas un universo propio con el que el lector se siente familiarizado. Puede que esta sea la clave de su éxito. Sin embargo, esto hace que el lector ocasional o el espectador de las adaptaciones se pierda en muchas ocasiones en un mar de referencias cruzadas y personajes reencontrados.

“Corazones en la Atlántida” se enmarca directamente en el ciclo de novelas de “La Torre Oscura”, la columna principal que sostiene el universo de King y entorno al cual giran en mayor o menor medida todas sus otras novelas. Una adaptación directa del relato al cine habría supuesto que sólo los lectores de la saga de “La Torre Oscura” pudieran ser espectadores con plena capacidad para entender la película, lo cual hubiera supuesto un tremendo fracaso para la taquilla. La solución que adoptaron los guionistas fue mantener la historia pero eliminar o sustituir todas las referencias externas para hacer que la película tuviera sentido en si misma: en lugar de huir del Rey Carmesí y sus agentes, los hampones, Ted Brautigan escapa de la CIA, que quiere capturarle para utilizar sus increíbles capacidades mentales en su lucha contra el bloque comunista. Una vez cambiado el enemigo creado por King por otro perfectamente reconocible por el público americano, el guión estaba listo para ser rodado.

El resultado es una película prescindible, salvada por la interpretación de un siempre genial Anthony Hopkins en el papel de Ted Brautigan. Posiblemente estemos ante uno de los ejemplos de la voracidad de la industria cinematográfica por devorar buenas historias y ante la permisividad de un autor que en demasiadas ocasiones ha caído en la dejadez con tal de ver sus personajes de papel convertidos en celuloide. El libro en el que está basada, sin embargo, resulta un hito fundamental para el lector que quiera conocer la obra de King más allá de los estereotipos que él mismo y el mercado han ofrecido de esta autor durante décadas.         

Corazones en la Atlantida

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