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- LA VAQUILLA - LUIS GARCÍA BERLANGA

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La Vaquilla” (1.985) de Luis García Berlanga es una de las grandes obras maestras del cine español, tan apreciada por el público como menospreciada por algunos sectores de la crítica. Admirada por varias generaciones, consiguió récords de taquilla y un reconocimiento del público rara vez visto en una película española. Debería ser considerada una de las principales joyas de la filmografía de Berlanga, a la altura de “El Verdugo” o “Plácido”. Ha sido la que más ha recaudado de todas sus películas, junto con “La escopeta nacional”, y programada en televisión en innumerables ocasiones. <?xml:namespace prefix = o>


 

   La historia transcurre durante
la Guerra Civil española. La película narra la historia de cinco republicanos que, sin pedir permiso, emprenden la temeraria acción de infiltrarse en el pueblo de al lado, en “zona nacional”,  para robar una vaquilla y así, fastidiarles las fiestas y de paso, comerse la vaca, para poner la moral de las tropas republicanas a prueba de obuses. Misión que se convertirá en una odisea desde el momento en que llegan a ese pueblo, debido a los continuos problemas que les irán surgiendo.

 

 
La Vaquilla” es una película repleta de metáforas e imágenes simbólicas cuya finalidad es mostrar un alegato antibelicista, ceñido al ámbito concreto de nuestra guerra civil. Curiosamente, en esta sátira no se decanta especialmente por ninguno de los bandos, sino que Berlanga realiza una crítica de las dos zonas beligerantes, creando un mural costumbrista de
la España, o “españas” de la guerra civil.

 

   El éxito de “
La Vaquilla” se debe a un brillante guión, fruto de la colaboración de Berlanga con Rafael Azcona, posiblemente el mejor guionista que haya dado este país. El guión de esta película sufrió un proceso de maduración de unos 20 años, debido a los problemas con la censura, por lo que hasta 1.984 no pudo ser rodado.

   Otro de los factores que ha convertido “
La Vaquilla” en una película mítica es el reparto elegido por Berlanga.  

   Alfredo Landa interpreta al Brigada Castro. Un militar con muchos años de servicio, que cree en la disciplina como el pilar básico para el orden militar, pero que, paradójicamente, no consigue imponerla. De él será la idea de ir a robar la vaquilla. Cabe destacar la escena en la que el Brigada se pone un pantalón con varias tallas de más, mostrando la imagen de un hombre que se dispone, inconscientemente, a acometer una acción que se le queda demasiado grande para su capacidad.

   El Teniente Broseta es interpretado magistralmente por José Sacristán. Es un oficial que ha ascendido rápidamente, sin prácticamente experiencia militar, pues hasta poco antes de la guerra era peluquero. Intransigente e irresponsable, y amparado en su graduación, decide tomar el mando de la expedición, aunque esté mucho peor  preparado que el Brigada, como demuestran las inconscientes decisiones tomadas por el Teniente: atacar al toro con bombas de mano, llevar un torero aficionado para matar  a la vaquilla…

   Guillermo Montesinos es Mariano, un soldado republicano nacido en el pueblo de al lado, por lo que será elegido como guía de la expedición. La principal preocupación de Mariano no será conseguir la vaquilla, sino ver sus antiguas tierras, visitar a su novia o ir a ver a sus padres, dando para ello, innecesarios rodeos que pondrán en peligro la vida de los cinco de la expedición.

   Santiago Ramos interpreta a Limeño, el torero aficionado que el Teniente Broseta elige para matar a la vaquilla. Pero a lo largo de la misión se mostrará como una gran paradoja andante, pues en principio, afirma ser un buen torero, pero poco a poco, se irá viendo que es un cobarde patológico, que incluso se hace de vientre cuando tiene a la vaquilla delante.

   El quinto miembro de esta expedición es un cura arrepentido, interpretado por Carles Velat, que llevan con ellos como medida de seguridad. Es una imagen simbólica de
la Iglesia, representando a un cura impertinente y entregado a la gula.

   Estos cinco personajes, que son los que emprenden la acción de infiltrarse en zona enemiga para robar la vaquilla, conforman una representación simbólica de lo que fue la zona republicana durante la guerra civil, y que podría dar lugar a la reflexión sobre por qué
la República perdió la contienda: un brigada que se ve incapaz de imponer la disciplina entre sus hombres (desorden e indisciplina en zona republicana), un teniente sin experiencia que lleva a cabo acciones temerarias, casi suicidas (falta de preparación de gran parte del ejército republicano), y un soldado que está más interesado en ver a su novia, que en lograr el objetivo (mayor interés de gran parte de la población por sus asuntos personales que por lograr los objetivos militares de la guerra).

   Pero una vez que los cinco llegan a zona nacional, Berlanga lleva a cabo el mismo trabajo de crítica, esta vez con los personajes que se encuentran en la zona franquista.

   Entre estos personajes cabe destacar al Comandante nacional, interpretado por Agustín González, demostrando como siempre su maestría como actor.

   Rafael Hernández interpreta a un sargento nacional, que logra imponer la disciplina sobre sus soldados, incluso sobre toreros (al conseguir que el cobarde Limeño salga a la plaza como banderillero). La envidia que suscita este personaje sobre el Brigada Castro sirve para mostrar el contraste entre las dificultades que llegaron a tener los oficiales republicanos para disciplinar sus tropas y la férrea disciplina ejercida en zona nacional.

   Igualmente, cargados de carácter simbólico son los personajes ligados con la aristocracia: el marqués, interpretado por Adolfo Marsillach, y la condesa, (Amelia de
la Torre). El marqués es el ejemplo de una aristocracia cuyo único interés son sus propiedades, por encima incluso de los intereses militares de
la España nacional, a la cual apoyan. Esto se demuestra cuando el marqués recrimina a sus criados por no esconder unos corderos para evitar que se los lleve el ejército, o cuando exige al comandante nacional que organice un ataque contra los republicanos para recuperar su parte de finca en zona “roja” (a pesar de ser un claro error estratégico). Por otro lado, la condesa, una anciana que denota cierto retraso mental/demencia, es una mujer que goza de todas las atenciones, simbolizando así a una monarquía ya inútil e inservible, pero a pesar de ello, defendida por el franquismo, debido a los grandes latifundios y propiedades que poseían. Cabe destacar la escena en la que el marqués es abandonado entre las dos zonas, maniatado a su silla de ruedas, mientras un soldado le dice con una inconsciente ironía: “Está usted libre”. Ésta es la imagen que parece querer mostrar la película sobre una monarquía maniatada e inválida, perdida en medio de una guerra que prácticamente le es ajena.

   La lista de grandes interpretaciones es extensa: Violeta Cela, Mª Luisa Ponte, Amparo Soler Leal, Fernando Sala… y el gran Luis Ciges como el barbero.

 

   La sucesión de brillantes diálogos, el logradísimo tratamiento de los personajes, la genial utilización de los planos-secuencia por parte de Berlanga, así como la perfecta ambientación, dirección artística, utilización de músicas… hacen posible que cada secuencia sea una mini-joya del cine español, cada una estructurada magistralmente con su planteamiento-nudo-desenlace, dando lugar a una de las mejores muestras de narrativa audiovisual de este país.

   Esto queda patente desde la mítica secuencia inicial, en la que un soldado en calzoncillos se pasea por las trincheras recolectando papel de tabaco para después, intercambiarlo por tabaco con los nacionales. El soldado, interpretado por Valentín Paredes, se pasea entre unos soldados que se dedican a leer cartas, afeitarse, o directamente, dormir; todo ello, con el fondo musical del cantante Angelillo, mientras van apareciendo los créditos de la película.

   Una de las escenas más cómicas de la película es la del intercambio, en la que el Brigada Castro, acompañado por Mariano, se reúne en las líneas con un sargento nacional (Antonio Gamero) y otro soldado, para intercambiar papel de fumar por tabaco; incluso un soldado llega a preguntar a su superior si pueden intercambiarse, es decir, si el soldado nacional puede pasar a zona roja para ver a su familia y el soldado republicano a zona nacional para ver a su novia.

   Pero sería un trabajo extensísimo comentar cada una de las secuencias, aunque sean merecedoras de análisis debido a su gran calidad. Son muchas las inolvidables secuencias: la escena de presentación de la “Piporra”; la conversación con los rusos que van en el tanque; la escena en la que se bañan desnudos en el río miembros de uno y otro bando; la escena del burdel…

   Sin duda, las escenas más impactantes son las del final, como la escena en la que dos toreros de ambos bandos se disputan una vaquilla al anochecer, similar a una estampa goyesca, o la última escena de la película, en la que una vaquilla muerta entre las líneas, pudriéndose en tierra de nadie, es devorada por unos buitres, mientras suena “La hija de Juan Simón” interpretada por Angelillo. La sensación que quiere transmitir esta imagen es demoledora: un país (posible simbolismo de la vaquilla) desgarrado por una guerra que no ha ganado moralmente ninguno de los dos bandos, sino que ya solo sirve como carroña para los que puedan sacar partido de ella.

  
La Vaquilla” es todo un símbolo en sí misma, la propia vaquilla viene a simbolizar posiblemente a España, o a la guerra civil, o quizá a los dos conceptos juntos, como puede apreciarse en cualquier escena en la que aparece o es mencionado este animal.

 

   L. G. Berlanga, junto con Azcona, supo crear con “
La Vaquilla” una de las obras maestras del cine español. En su momento, contó con el mayor presupuesto para una película española, logrando éxitos de taquilla. Recientemente, cabe destacar el guiño a “
La Vaquilla” que realiza Guillermo del Toro en su película “El laberinto del Fauno” (2006), en la escena en la que Sergi López se aplica la espuma de afeitar en la cara, mientras escucha “Soy un pobre presidiario” de Angelillo, recordando a la primera secuencia de “
La Vaquilla”.

  
La Vaquilla” es una de las películas más recordadas y apreciadas del cine español, de la cual puede resultar difícil discernir dónde está el humor y dónde la visión costumbrista (cómica en sí misma). Quizá se trate de la película que mejor ha sabido expresar, sin ningún tipo de propaganda política, la actitud popular durante nuestro conflicto fratricida.


 

Gonzalo Tirado